Algo apesta en Bolivia

Juan Carlos Zambrana Marchetti

Los bolivianos, ahora más que nunca, sobreviven sumidos hasta el cuello en las aguas negras de las cloacas, que es allí el sistema judicial. Sin embargo, eso es visible sólo dese afuera, al contraste de sociedades más avanzadas, donde el ser humano tiene derechos fundamentales inviolables, a los que los bolivianos ni siquiera aspiran. No existe en Bolivia el más elemental derecho a la libertad, o a que los poderes fácticos respeten la presunción de inocencia del ciudadano, o que, llegado el caso, el ciudadano sea juzgado por un sistema judicial honesto e independiente del poder político y policial.

Los bolivianos están tan acostumbrados a sobrevivir en esa realidad, que sólo ven justicia en la ficción de películas extranjeras, donde detectives aun sabiendo la identidad del culpable, no lo pueden arrestar, y siguen investigando, hasta obtener una prueba material del delito, y recién entonces se presentan ante el fiscal, para que éste, después de valorar la prueba, se presente ante el juez y le asegure que por fin está en condiciones de probar el crimen. El Juez después de valorar la prueba, emite el mandamiento de arresto, y recién ahí la policía está autorizada a detener al individuo para llevarlo ante el juez, y que empiece el juicio. Eso, porque la ley establece que todo ciudadano ES INOCENTE, hasta que se pruebe lo contrario en una corte. El ciudadano, por lo tanto, es intocable para la policía, y existe un largo proceso lleno de condicionamientos, para que un juez pueda emitir el mandamiento de arresto. El Estado, es quien tiene toda la carga de la prueba contra el ciudadano.

En Bolivia es al revés. Allí las cárceles están llenas de “presuntos” culpables, sin que se les haya probado delito alguno. Se usa el arresto “preventivo”, para encarcelar a la víctima sin prueba alguna, y que la policía archive el expediente. Todos saben que la “investigación” no existe, porque la policía tiene engranajes que sólo se mueven si son engrasados por sobornos. Ahí empieza al calvario de los detenidos y perseguidos, porque la carga de la prueba de su inocencia recae sobre ellos. En estado de absoluta indefensión, desde la cárcel, desde la clandestinidad, o desde el exilio, las víctimas de este sistema corrupto tienen que probar su inocencia. Policías, Jueces y abogados, todos viven de un sistema judicial diseñado para esa corrupción.

Cuando el móvil del arresto o la persecución es político, para deshacerse de adversarios, los juicios se paralizan todavía más porque no existen los delitos, y mucho menos las pruebas, pero eso no importa, porque con los arrestos ya se inhabilitó a los adversarios. Cuando se pretende una eliminación permanente, se provoca la muerte civil de las victimas ante la opinión pública, para que sean juzgadas y condenadas, sin prueba alguna, por el legendario “vox pupuli”, que en la actualidad es una opinión pública totalmente manipulada por noticias falsas de Facebook, Twitter y YouTube. Para eso, la policía filtra material audiovisual robado de los teléfonos de las víctimas, e inventa una historieta que se hará viral de inmediato.   

Una vez que se ha logrado el objetivo político, la “Justicia” abandona su persecución, dejando a la víctima manchada, destruida física y moralmente, y en la miseria, para enfrentar en esas condiciones, la costosa tarea de reconstruir todo lo perdido. Y así, el submundo pestilente de la justicia boliviana sigue vigente, cada vez más putrefacto, y cada vez más peligroso.