Evo Morales declinaría repostulación

Evo: Lo importante es que la CIJ dijo que “Bolivia nació con mar ...
El presidente Evo Morales y sus ministros en La Corte de La Haya 1 de octubre 2018

La permanencia forzada del Presidente, en las condiciones actuales, causaría daños peores.

Periódico La Razón 12 de Octubre 2018

Por: Juan Carlos Zambrana Marchetti

El presidente de Bolivia, Evo Morales, estaría a punto de declinar su controversial y resistida repostulación “indefinida”. Lo haría después de una larga conversación con dos confidentes, a los que me referiré con los nombres ficticios de Pedro y Juan. Como la conversación fue a calzón “quitao”, no se escucharon frases como: “El pueblo lo pide”, “los cocaleros lo exigen”, etc. El único argumento que expuso Pedro en defensa de la permanencia fue el de evitar la fragmentación del Movimiento Al Socialismo (MAS), pero él mismo tuvo que admitir que la permanencia forzada del Presidente, en las condiciones actuales, causaría daños peores.

El análisis habría empezado con la derrota en La Haya por la demanda marítima con Chile. “No hemos perdido. Hay que hablar, dice el fallo, además hay otras opciones, vamos a seguir”, dijo Pedro. “Oye, no seas tan cojudo. Déjate ya de huevadas”, le retrucó Juan, porque Pedro había sido ideólogo de mediatizar y politizar tanto ese juicio que terminó en derrota. Estaban a punto de irse a los golpes cuando Evo al fin dejó su celular en la mesa y se dispuso a iniciar la reunión. El objetivo era analizar de nuevo su repostulación, ya que cuando ésta se lanzó, fue contemplando un fallo positivo en la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

“Bueno, basta. Vamos al grano. Vos, Juan, repetí a ver todas las razones por las cuales dices que yo no me debería repostular”, dijo Evo. “En primer lugar, por tu futuro político, hermano. Esto es una trampa, y si te caes, desapareces para siempre. En segundo lugar: tu fallo constitucional siempre lo van a entender como abuso de tu poder, y corrupción judicial; además que tiene una falla que la van a descubrir. Eso hay que revertir hermano. Tercero: así no tenemos chance de ganar. Por más bueno que seas, a la fuerza, el pueblo se va a sentir ultrajado. Cuarto: Por tu proceso de cambio. Tú eres el proceso, es verdad. Te necesitamos por 20 años más, es verdad, pero no a la fuerza, pues. Con inteligencia hay que hacerlo. Dejas al Álvaro de presidente por un periodo, te quedas como presidente del partido, te dedicas a tejer mejor las alianzas, y después vuelves más fuerte que antes y te quedas otros 10 años”.

“Los cocaleros no apoyan al Álvaro, vos sabes,” replicó Evo. “Huevadas son esas. Nadie lo va a apoyar mientras vos sigas de presidente vitalicio. El que manda en el MAS eres vos, y acuérdate que te vas a quedar tejiendo no solo con los cocaleros, sino con todas las organizaciones sociales. Vos explicas con firmeza que te tienes que salir por un periodo, para salvar tu proceso de cambio, para salvar al MAS, para salvar la democracia, para recuperar la Justicia, y para salvar el empoderamiento que les has dado a ellos mismos. Hasta para el nuevo diálogo con Chile sería bueno. Después de 14 años de desgaste, lo menos que podemos ofrecer es, pues, una renovación dentro del proceso. ¡Cojudos tendrían que ser para no entender! Por último, les explicas que, para garantizar tu regreso, necesitamos apoyar todos al nuevo candidato del partido, y listo. Esa sería la única forma de salvar esto, hermano”.

“Vos sabes que quieren un indígena”. “Está bien. Vicepresidencia le tocaría al indígena. Ahí tienes con experiencia al Diego, y a la Gabriela. Ahora si el cuoteo se va a imponer, a la Leónida nomás, pues.” Evo no parecía convencido, lo cual obligó a Juan a usar su último cartucho. “Ahora, en último caso, si no quieres hacer renovación, cambien entre ustedes dos nomás, el Álvaro que vaya de presidente y vos de vicepresidente, ahí está. Legal sería eso”.

* Escritor, periodista y analista político boliviano, 

radicado en Estados Unidos.

El perjuicio de la fe

Periódico La Razón, Bolivia,  Sept. 03.2018

Juan Carlos Zambrana Marchetti

La fe que todos llevamos programada en la mente es uno de nuestros tesoros más preciados. Nos hace el cotidiano milagro de salvarnos cuando no entendemos algo; o dicho de otro modo, nos salva del trabajo de pensar para entender. Cuando encontramos algo que no entendemos, tenemos la opción de pensar para entenderlo, o podemos aceptar la respuesta prefabricada que esté más a nuestro alcance. Lamentablemente la segunda es nuestra opción predeterminada.

En realidad estamos programados para ser creyentes, lo cual tiene la consecuencia directa de hacernos crédulos, con todo el peligro que eso acarrea. Es por eso que, por muy bien que lo disimulemos, andamos y desandamos por los mismos laberintos, perdidos, y en un estado psicológico deplorable. Vivimos hipnotizados, ignorando nuestro ser y nuestro estar. Eso es, sin reconocernos como somos (con defectos), sin darnos cuenta de dónde estamos (qué respuesta demanda la condición externa) y, consecuentemente, sin solucionar muchos de nuestros crónicos problemas.

Como buenos creyentes que somos de nuestra “imperfección” interna, y de una lejana “perfección” externa, estamos programados para buscar afuera respuestas prefabricadas para dudas muy particulares de nuestras mentes. Eso significa que, en esta era de la posverdad, o distorsión generalizada y deliberada de la verdad (difundida además por las redes sociales), estamos actuando como autómatas, todos repitiendo las mismas falsedades.

Qué lejos estamos de entender que hemos renunciado al uso de nuestras facultades mentales, a nuestra capacidad de análisis y de entendimiento; a ser individuos y a responder ante la vida con nuestra mejor respuesta en lugar de dejarnos arrear y acorralar como ovejas para ser trasquiladas, ordeñadas y devoradas por toda clase de pastores, sean éstos religiosos, políticos o comerciantes.

Qué irracional es no poder siquiera entender que en ese estado de alienación sobrevivimos siendo usados como estropajos, reaccionando a lo que quieren otros; desde nuestras mentes angustiadas y confundidas, que habiendo sido diseñadas para pensar brillantemente han sido reducidas a funcionar como una máquina repetidora.

Pero lo peor de todo es que estamos muy lejos de reconocer que toda esta tragedia empezó allá lejos, en lo más tierno de nuestra inocencia, cuando nos programaron en la mente la aparentemente inofensiva enseñanza de la fe, como substituta del conocimiento y represora del pensamiento.

Esa fe que nos dijeron “movería montañas”, nos programó para no pensar. Solo para creer y, por lo tanto, para no ver la monumental irracionalidad en la que caemos de rechazar, por ejemplo, los rituales, atuendos, sacrificios, crímenes, encubrimientos, manipulaciones y creencias de las miles de religiones en las que no creemos, sin cuestionar siquiera los de aquella en la que sí creemos.

Esa misma programación de fe es la responsable de que nos causen repulsión la demagogia, la falsedad y la corrupción de los políticos en los que no creemos, pero ignoremos las de aquellos en los que sí creemos. Esa misma programación es la que nos hace reconocer instantáneamente la equivocación ajena, pero no la nuestra. La fe, en definitiva, al habernos bloqueado el pensamiento cometió el crimen de lesa humanidad de reducirnos de humanos a ovejas, de seres pensantes a máquinas repetidoras, o dicho sin eufemismos, de seres lúcidos e inteligentes a perezosos mentales, pero creyentes fervorosos… de vivir eternamente despistados.

Juan Carlos Zambrana Marchetti es escritor, columnista y analista político. Vivió en Bolivia la primera mitad de su vida, pero radica en Estados Unidos por más de 25 años, lo cual le da una perspectiva amplia de ambas realidades y sus respectivas dinámicas del poder. Es también autor de Secretos de Estado, ha publicado más de medio centenar de artículos y ha sido invitado como analista político en cadenas televisivas internacionales como TeleSur, Russia Today y Al Jazeera.