Crímenes Orwellianos de Jeanine Añez

En 1949 el escritor Británico George Orwell escribió su famosa distopía en la que muestra una sociedad totalmente alienada. La obra es “1984” y describe la criminalidad de un gobierno autoritario que finge ser bueno y patriótico. Un imperio de la impostura en el que el pueblo es sometido a una brutal represión psicológica, antes de la represión física, la cual se usa sólo contra aquellos con los que no funcione la primera opción.

Se impone la “realidad” de un mundo al revés, mediante premisas como. “LA GUERRA ES LA PAZ, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA, y EL PODER ES DIOS.” La primera se refiere a la invención de una guerra con la cual se mantiene a la población concentrada en esa “obligación superior”, y legitima el estado de excepción, en el que el gobierno no provee para el pueblo, ni respeta el estado de derecho. “La ignorancia es la fuerza” es el mecanismo por el cual el gobierno impone sus mentiras y logra que el pueblo, aplastado por la represión y las exigencias de la vida cotidiana, las acepte sin chistar.

“El poder es Dios” porque el creyente convertido en rebaño lo acepta todo. Solo Dios tendría el poder de alterar el pasado y de establecer que 2+2=5, pero si el líder lo dice, sus aliados le creen, la prensa lo repite, y el pueblo lo acepta, pues sucede en la mente y “sólo lo que allí sucede tiene una realidad. DOS Y DOS SON CINCO”. Esa frase ilustra el trágico final de individuos pensantes, que terminan quebrantados, aceptando la imbecilidad como una realidad esencial para la supervivencia.

En el caso de Bolivia, un “enviado de Dios” engañó a todos con su “Guerra Santa” contra el “indio maligno”, reclutó para el golpe a los poderes fácticos, y expulsó al “indio”. Con secuestros exprés, hizo renunciar a todos los líderes parlamentarios del MAS y posesionó a una presidenta títere que instaló el régimen Orwelliano al estilo de 1984.  

Jeanine Añez empezó por aterrorizar al pueblo asesinando a 36 personas, e hiriendo a más de cuatrocientas, pero luego, le endilgó esa criminalidad al “enemigo” externo: el indio en el exilio. La narrativa oficial equivalente a 2+2=5 es que “el propio Evo Morales hizo importar guerrilleros de las FARC para dispararles a sus propios defensores, por la espalda, y mientras escapaban de las fuerzas represoras de Jeanine Añez.”  Con tamaña historieta, marcaron de terroristas a Evo y a todos sus colaboradores, después amedrentaron a la prensa, y encarcelaron a los exministros, ya sea en cárceles o en embajadas cercadas, como la de México, donde siete exautoridades permanecen encerradas, privadas del derecho al asilo político. Incluso una abogada embarazada, por ser apoderada de Morales está presa acusada de terrorismo. Un mundo al revés, en el que un presidente respetuoso de la vida, con 2/3 del poder parlamentario y todos sus colaboradores son terroristas, y los golpistas que incendiaron casas e instituciones, asesinaron, aterrorizaron, y demostraron ser corruptos, son la ley y la justicia. 2+2=5.   

Pero no todo está perdido, porque Orwell concluye que la clase pobre y trabajadora conserva sus sentimientos, sus emociones, su integridad y su sentido de comunidad. No son autómatas, ni rebaños, ni se han endurecido por dentro y siguen siendo humanos. No son leales a una ideología política, ni a un líder, ni a una religión, sino que se guardan mutua lealtad unos a otros, y, por lo tanto, son la esperanza, porque ellos almacenan en sus corazones, en sus vientres y en sus músculos, la energía que cambiará al mundo.